viernes, 8 de abril de 2011

Incursiones Urbanas... más allá de los límites.

Comenzaré por reconocer que no conozco Lima, bueno no la Lima de hoy, la de los conos de cada lado.

Y no es que me sienta una pitucona, que no soporta el smok nauseabundo, la vida feroz, desenfrenada y frenética de sus habitantes, ni el ritmo de vida local o la rara mixtura de decencia y descaro, de cultura e ignorancia, de pulcritud y suciedad, de decoro e impudor. No, tampoco es que sea una quejona de sus problemas, aberrancias, tufillos y humor, como si me produjera una amorfa complacencia.

Sin embargo, en estos días en que he tenido la oportunidad de conocer más allá de lo evidente!!!

Y no, no piensen mal y es que he recorrido TODA la ruta del Metropolitano. Mi breve paseo por todo esta gran vía que facilita el viaje por la ciudad de Lima. No lo intenten en casa, éste ha sido un peregrinaje agotador.

Es la primera vez que veo una estructura especial para trenes subterráneos usado para buses, por Dios que de verdad a veces vergüenza ajena, con este tipo de cosas, que solo en Lima puede pasar.

Este Ikarus (década de los 70´s) Moderno o ahora llamado el Metropolitano. Que aunque parece muy moderno, no todo es lo que parece, y es que la primera vez que entre pensé que sería distinto me remonte a viajes increíbles, pero volví a mi Lima y vi que los trabajadores del Metropolitano deben educar a su público. “Esperen a que bajen para que comiencen a subir”, “Esperen detrás de la línea amarilla”; o “Los asientos rojos son para señoras de edad, mujeres embarazadas o incapacitados”; explican una y otra vez.

Los que han subido a esta nueva manera de movilizarse, habrán escuchado una voz en cada estación, no? Pero no señores no es una voz grabada que te dice a que estación llegaste, no!!! Es un empleado del Metropolitano que tiene un altavoz y se la pasa el día dando el nombre de las estaciones.

Pero como iba diciendo, en estos viajes, y es que han sido ya 2, en el mismo recorrido desde la estación Matellini hasta la última estación en el Naranjal, he podido reparar en mi posición, sin que me retracte necesariamente. Yo diría que atenúo esa repulsión. No porque me resulte más cómoda, sino que, sin lugar a dudas, los lugares no son los que amo sino cada experiencia vivida.

Y aunque sigo detestando esta ciudad de miércoles, con su bullicio, salvajismo, miseria y mediocridad, cómo detestarla tanto si aquí viven mi familia, mis amigos, y los grandes recuerdos desde mi niñez hasta el mismo día de hoy?

Pero sobre todo, cómo podría yo odiar este lugar, que aunque inmisericorde, devastador y fraudulento, me permite, con una magia nada grisácea como su cielo, encontrarme con ilusiones, sensaciones y sentimientos nunca antes experimentados? Cómo querer irme de esta chabacana, chichera y ordinaria idiosincrasia, con sus poses angurrientas y huachafas, si aquí mismo puedo reconocer nuevos mundos, poco a poco.

También es cierto que Lima me resulta patética, con sus calles, sucias, llenas de pirañas y choros, con sus casitas despintadas y viejas. Pero cómo podría ver la ciudad como turbadora si por cada avenida y lugar que transito llena de una singular magia, se convierte especial, célebre y memorable, un nuevo mundo se abre frente a mis ojos.

Detesto la discriminación social y racial, la pituquería falaz, demoledora y mordaz, donde algunos distritos limeños se convierten en centros de marginación e inútil vanidad. Pero cómo podré ver con malos ojos al balneario de Asia, discriminador y aristocrático, si allí pasé un fantástico Febrero, con noches inolvidables, donde se mezclaba de manera encantadora y espléndida la música y el encanto?

Podría tener incontables motivos para querer irme de la capital, y sin lugar a dudas tengo otros lugares en mi mente donde podría partir (sí, sí, insisto con España). Pero aunque sé que en la vida me espera como destino otro lugar que desconozco, no creo que Lima sea tan mierda como lo pensaba. Estoy segura que alguna vez me iré pero ahora quiero quedarme para seguir conociendo Lima.

Puedo ver cómo cambian las cosas, ya no son polvorientos arenales, ya no son pueblos jóvenes o asentamientos humanos, poblados por ambulantes o invasores de tierras. El Cono Norte de Lima, definido desde el punto de vista de hábitos de consumo (léase, cuánta plata tienen), es un sector de la capital del Perú que puede igualarse a los llamados distritos tradicionales o residenciales.

La modernidad ha llegado pues al Cono Norte. El símbolo más evidente de este cambio es el famoso Mega Plaza, un centro comercial, en mis viajes por estos lares, aún no he podido entrar a ver este centro comercial, pero he pasado al frente, si en taxi, pero pase!!!

La noche en Lima es otra, iluminando la neblina atmosférica, rojiza y turbia. También el mercado nocturno, putas viejas de regreso de la “zona del macho que se respeta”, pasteros y ladrones, borrachos orinando, night club de a sol, el serenazgo buscando diversión, y los hostales baratos despiertos para los angurrientos de paso. Y me acuerdo de un escritor limeño, de décadas anteriores, Javier Heraud, quien poéticamente decía de esta Lima: “Ciudad de los reyes de la explotación y el hambre, tres veces coronada por la sumisión, ciudad triste, hambrienta, mísera por todos lados...”


A pesar del susto del otro día, he de reconocer que me has abierto los ojos a un nuevo mundo... Y si aveces mis comentarios son un poco fuera de lugar... pero no es la intención!!! Aunque sigo pensando que tienen partes de pueblito. jajaja

Thx a lot "Macho que se Respeta"

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